Find the English version here. Traducido por Isabella Beltran.
En una noche de septiembre en el centro de Dakota del Sur, un estudiante de último año de ingeniería mecánica, Cadan Crowley, se encontraba en la parte trasera de una camioneta. El viento era lo único que podía escuchar —y sentir, heladamente— mientras viajaba a 85 millas por hora por la I-90 como un pasajero inusual y desesperado.
Aproximadamente cinco horas más tarde, a lo largo del estado de Dakota del Sur, Crowley finalmente llegó para montar su campamento en el estacionamiento de un Walmart en Sioux Falls, aliviado de terminar su sexto día en su camino hacia la ciudad de Nueva York. Con una mochila anaranjada que medía la mitad de su tamaño, una pequeña cantidad de pertenencias personales y un endeble pedazo de cartón, Crowley se dispuso a completar su misión de demostrar la amabilidad de los desconocidos de la manera que sabía que sería la forma más humana y auténtica.
Desde el 3 de septiembre hasta el 14 de 2025, Crowley pidió aventón a lo largo de los Estados Unidos, recibiendo rides que lo llevaron a través de Washington, Idaho, Wyoming, Dakota del Sur, Minnesota, Wisconsin, Illinois, Indiana, Ohio, Pennsylvania y, finalmente, Nueva York.
Menos de una semana antes, el papá de Crowley, Grant Crowley, dejó a su “niño del alma” en una parada de autobús en su ciudad natal de Portland, Oregón – una despedida para un viaje que inevitablemente pondrá a prueba la seguridad de su hijo.
“Definitivamente lo miré por un rato,” dijo su papá. “ Yo estaba como ‘Vaya, espero que todo vaya bien’.”
Crowley empezó a ver las redes sociales como un medio para “odiar” a las personas sin conocerlas. Esta frustración lo llevó más allá de la pantalla, inspirando su viaje impulsado por la necesidad de demostrarse a sí mismo que las buenas personas están en todas partes.
“Yo solo quería tener mi propia perspectiva sobre cómo son las personas alrededor del país,” dijo.
A Crowley siempre le ha gustado hablar con los extraños; era una mariposa social en la escuela y los deportes, y bastante conversador con las personas con las que subía en el telesilla de esquí, incluso si eran solo cinco minutos. Grant, el papá de Crowley, dijo que él y la mamá de Crowley escogieron el nombre “Cadan” porque significa animado en irlandés.
Crowley dormía en su tienda en parques y detrás de negocios y “se derrochaba” en comida, ya que su viaje sin gasolina le dejaba más libertad de gasto para la comida.
“Le preguntaría a quien me recogiera, ‘¿Cuál es el mejor restaurante de la ciudad?’” dijo. “Iría a gastar 20 dólares en una hamburguesa grande o lo que sea.”
El mayor obstáculo del autoestopista no fue lo que sucedió durante el viaje en sí, a pesar de haber viajado durante largas horas en la parte trasera del camión de alguien y de haber sido acusado de robar la cartera de otro conductor. Antes del viaje, reservo un vuelo de ida de la ciudad de Nueva York de regreso a su hogar en Portland.
Algunos días, no viajaba muchas millas. Con una fecha de finalización estricta y un vuelo que tomar, se puso nervioso al saber que tenía que recuperar el tiempo perdido.
“Fue un poco desmoralizante en esos días, estaba como, ‘Hombre, ahora mañana tengo que recorrer 600 millas,’” dijo Crowley. “Es algo medio difícil.”
Sabiendo que podía tomar el autobús en cualquier momento para alcanzar su destinación final, Crowley se mantuvo leal a su plan original, uno que lo llevó a cosas como hacer recorridos por las ciudades natales de las compañías temporales que formaba en el camino. Apenas se sentía asustado o inseguro, algo que creía que era resultado de la decencia humana natural.
“No puedes tener tanta suerte tantas veces seguidas,” dijo Crowley sobre los 24 viajes que recibió. No le faltaba optimismo, lo que lo llevaba a creer que nada malo le sucedería durante el viaje.
Mientras Crowley fue el que buscaba conexiones con otros, algunas de las personas que lo llevaron también encontraron una experiencia significativa al elegir recoger a un estudiante universitario al azar en el lado de la carretera. La “persona favorita” de Crowley era un hombre que lo recogió un viernes por la tarde en Wyoming.
Escucharon horas de música rock juntos, principalmente Creed. El hombre terminó llevando a Crowley unas 100 millas, lo cual le reveló al autoestopista aproximadamente dos horas después del viaje, que estaba manejando en dirección opuesta a su casa.
“Reforzó la idea de que las personas son buenas dondequiera que vayas,” dijo Crowley. “Puedes encontrar buenas personas y la gente es mucho más generosa de lo que piensas.”
Crowley afirma que las personas más comprensivas que lo recogieron fueron trabajadores, quienes demostraron que dar aventón a cualquier persona era algo normal. Aunque creía que todas sus experiencias de viaje habían sido positivas, Crowley dijo que su último viaje antes de tomar un tren desde Pensilvania a Nueva York por las últimas 300 millas fue el “más frío.” Una pareja mayor en un “Jeep elegante” con montones de bolsas de Louis Vuitton en su maletero le dio al autoestopista un aventón, que fue mayormente silencioso hasta que le preguntó qué estaba estudiando en la escuela.
“Dije ingeniería y ella empezó a agradarme,” dijo Crowley. “Me enojo porque pensé, ‘Está bien, ahora te importa porque tengo estatus o lo que sea.” Creo que es un indicio de la sociedad, un poco.”
‘Por supuesto que está haciendo esto’
De regreso en casa, los padres de Crowley tenían una tendencia natural a preocuparse. Sin embargo, su confianza en su hijo superó la duda y fomentó un apoyo incondicional.
“Simplemente confiaba en que él encontraría su camino y que se relacionaría con personas positivas,” dijo su padre.
Aunque compartía la misma seguridad, la mamá de Crowley, Katie Kennedy, dijo que se mantenía ocupada para distraerse durante el día con el trabajo y las tareas diarias para no pensar en lo que podría salir mal en el viaje de su hijo. Pero dejando de lado la rutina, ella entendía que este era un proceso en el que tenía que confiar, expresando amor y apoyo incondicionales hacia Crowley.
“Definitivamente tuve un par de personas que creo que estaban cuestionando a mí y a mi forma de criar, pero en general, las personas que conocían a Crowley y nos conocían a nosotros eran como, ‘Por supuesto que él está haciendo esto,’” dijo ella.
Al crecer, Crowley dijo que siempre pensó que pedir aventón era “genial,” admirando a las personas en un viaje que eventualmente inspiraría el suyo propio.
“Veía a personas al lado de la carretera haciendo esto de vez en cuando y decía, ‘¡Mamá, vamos a recogerlos!’” dijo.
“Podría recoger a un autoestopista ahora también,” dijo Kennedy, en broma.
Para mantenerse en contacto con los amigos, la familia y los escépticos en casa, Crowley creó una cuenta de Instagram que actualizaba regularmente, documentando su viaje.
“Sentí como si tuviera una comunidad conmigo,” dijo.
Durante sus 12 días de pedir aventón, Crowley no encontró un nuevo significado profundo de la vida ni creyó que su viaje fuera lo más interesante que había logrado. Esta forma de vivir de simplemente “hacer” le permitió explorar el país y lo que tenía para ofrecer—una conexión, compañía o acto de amabilidad que esperaba y que surgía simplemente por exponerse.
“Creo que sentirse incómodo es una emoción totalmente inexplorada para las personas,” dijo Crowley. “La gente simplemente debería lanzarse a las cosas y hacer lo que quiera hacer, sin preocuparse demasiado.”

